Domingo, 11 Diciembre 2016 19:52

Coulis de fresa

Escrito por  Sofía
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Tenía que ser el mejor. 200 gramos de harina, 100 gramos de azúcar, 250 gramos de mantequilla, 100 gramos de mermelada, crema batida, nueces, pasas, chocolate. 

Estaba solo en la cocina, iba de un lado a otro haciendo montoncitos de ingredientes sobre la mesa. Hace horas que había comenzado la faena, y hacía horas también, que sus compañeros se habían retirado dejándolo con el importante encargo, —Debe ser el pastel de chocolate perfecto, espero que lo hagas tan bien como Juan—, le había sentenciado el patrón, antes de salir de la cocina dando un portazo.

“Tan bien como Juan”, las palabras hacían eco en su cabeza y recuerdos de la vida estudiantil juntos se le apretujaban en la memoria:   “Juan, el repostero estrella”, “Juan, el que hace la mejor masa”, “Juan, el que tiene el toque perfecto para los rellenos”. Así estaba, rumiando su coraje, cuando el timbre del teléfono lo sacó de su ensimismamiento.

—Aló—, contestó, y del otro lado de la línea, como si lo hubiera estado llamando con la mente, estaba Juan tan jovial como siempre.

—¡Amigo, regresé!, tengo que contarte la experiencia en Le Cordon Bleu— y sin esperar respuesta, comenzó a relatarle todo lo que había aprendido, lo bien que le había ido en sus clases y las alabanzas que había recibido de parte de compañeros y maestros

Fernando lo escuchaba con estoicismo, cada vez más molesto por el retraso que le estaba ocasionando. –¡Juan!,  espera— le cortó, —Debo terminar el pastel que me encargó el patrón para el evento de mañana—.

Juan guardó silencio por unos segundos y luego, argumentando una idea genial, se ofreció para correr en ayuda de su amigo.  Cuando llegó a la cocina, Fernando estaba esperando a que los pisos de ganache terminaran de enfriarse para poder rellenarlos. Juan estaba tan feliz de haber regresado, que corrió a abrazarlo; había pasado ya medio año desde que partió becado con destino a París y había estado tan ocupado que casi no hablaron durante ese tiempo. Se separó de su amigo e inmediatamente reparó en que algo no estaba bien.  Aún así, los panes se veían perfectos, el relleno ya estaba listo, la cobertura también, sólo faltaba terminar de cocer las frutas para hacer el jarabe con el que se acomparían los platos al servir. —Fernando, ¿te sientes bien? —espetó con preocupación en la voz; éste le había dado la espalda después del saludo y parecía no escuchar. Se acercó para tocarle el hombro, y sorpresivamente, Fernando volteó con cuchillo en mano; Juan sintió los treinta centímetros de la hoja arrebatándole el aliento. Con la vista nublada, notó cómo su amigo se acercaba con un recipiente y recogía la sangre que manaba. 

Fernando arrastró el cuerpo al fondo del congelador de carnes. Limpió el piso y las salpicaduras y prosiguió el trabajo en donde se había quedado; terminó de rellenar y adornar, dejando listo, lo que a su parecer, era el pastel de chocolate perfecto.

En el desayuno-banquete de la mañana siguiente, lo más alabado fue el postre. El coulis de fresa era la estrella del evento, con un  sabor  que los comensales no podían identificar y ese color rojo vivo lo habían confirmado por fin; con una sonrisa en los labios,  Fernando recibía las felicitaciones…….tenía que ser el mejor.

 

 

 

 

 

 

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